Visiones e Intentos de este proyecto

La visión principal que nos guía es ir creando, explorando, difundiendo empezando desde lo pequeño, lo cercano, lo inmediato, para así ir creciendo en espiral pero siempre de una forma envolvente para que no queden espacios desatentidos en una dimensión demasiado grande para nuestra capacidad de intuír, reflexionar y accionar.

8.12.14

Patrones de la Naturaleza y diseño Permacultural , por Bill Mollison

Los patrones se encuentran en el mundo que nos rodea: en las olas, las dunas de arena, los paisajes volcánicos, los árboles, los edificios, incluso en el comportamiento animal. 




Si logramos conseguir un entendimiento de los patrones básicos que se esconden detrás de los fenómenos naturales, habremos evolucionado una herramienta poderosa para el diseño y encontrado una ciencia aplicable a muchas disciplinas. 
Para el acto final del diseñador, una vez que los componentes se han armado, se tiene que lograr un patrón de ensamblaje sensible para la totalidad del diseño. 



El desarrollo de patrones apropiado en el proceso de diseño, puede asistir al logro de una producción sostenible de flujos, formas de crecimiento y flujos de información. 

Es en la aplicación de patrones armoniosos que demostramos nuestra comprensión del significado de la naturaleza y la vida. 


Aprender un patrón es como aprender un principio; puede ser aplicable en un gran rango de fenómenos, algunos complejos y otros simples. 
Como una abstracción, el patrón nos asiste para encontrarle un significado a la vida y el paisaje y para comprender fenómenos asociados. 
Uno puede pasar horas incontables buscando más información científica, mística o topológica acerca de un patrón. 

Bill Mollison considera que es en la aplicación sofisticada de patrones en donde está el futuro del diseño y donde se pueden encontrar muchas soluciones a problemas complejos. 
El entendimiento de la forma nos brinda comprensión de la función y sugiere estrategias apropiadas para el diseño. 


Fuente: Introducción del Capítulo 4: La Comprensión de los Patrones, del libro "Permaculture: a Designers Manual, por Bill Mollison. 

Traducción y fotografías: El Vibrero

13.11.14

USOS MEDICINALES DEL AJO Y RECETAS PARA UTILIZARLO:




Se dice que el ajo puede curar todos los problemas de salud, menos el que él mismo provoca: el mal aliento.
Los antiguos Egipcios,  Griegos y Romanos lo utilizaban para curar muchas enfermedades y hoy en día todavía es una planta poderosa y  útil para curar.
El ajo es más efectivo cuando está fresco o en jugo. El ajo que ha sido cocinado o al que ya se le quitó el olor, sabe bien, pero ya no servirá como una potente medicina para el cuerpo.

USOS DEL AJO:
- gripes    -fiebre     - tos      - neumonía   -bronquitis     -dolor de garganta
-dificultad para respirar    - parásitos   - heridas    - dolor de oído    
- mala circulación      - dolor en las articulaciones      - espasmos

INFORMACIÓN SOBRE EL AJO:

Nombre Latín: Allium Sativum
Parte utilizada: Bulbo
Energía y sabor: Energía caliente, sabor picoso.


Dosis para niños:  1/2 cucharadita de jarabe cada hora, aceite o jugo, o 1/3 diente a 1 diente una o dos veces al día.

Se puede preparar como: condimento, comida, jarabe,  aceite, tintura, gotas para los oidos, pasta, té, arreglo floral, jugo.


JUGO DE AJO:
El jugo de ajo es uno de los mejores remedios para los problemas de los pulmones como tos, resfriados, bronquitis, neumonía, congestión pulmonar y mocos.
Tomar 1/2 cucharada cada hora o cuando se necesite. Guardar en un frasco en el refrigerador.

Receta:
-Presionar o machacar 1 o 2 dientes de ajo en suficiente vinagre de manzana o aceite de oliva para cubrirlos y mezclar bien.
- Dejar reposar por un día o dos.
- Poner la mezcla en una manta de cielo y exprimir repetidamente recolectando el jugo en una taza.

Dato curioso:
Durante la segunda guerra mundial había una gran demanda de ajo. Su jugo se diluía con agua, se ponía en bolitas de musgo esterilizado y se aplicaba a las heridas. Esto prevenía las infecciones y las curaba rápidamente.



TINTURA DE VINAGRE DE AJO :

Esta tintura de  vinagre es buena para las infecciones en los senos nasales, las gripas, la congestión por mocos y molestias en los pulmones. Se puede mantener hasta por dos años. Guardar en una botella de vidrio en un lugar oscuro.
-Utilizar partes iguales de lo siguiente: cebolla y ajo picado, gengibre fresco y rábano rallado, semillas de mostaza y granos de pimienta negra.
- Picar las hierbas.
- Combinar las semillas y pimienta.
- Añadir 1 o más chiles de pimentón (dependiendo de qué tan picoso se quiera)
- Mezclar todo en una botella de vidrio.
- Vertir el vinagre en la botella, dejando una capa de 1 " sobre las hierbas.
Agitar la botella diariamente por dos semanas para mezclar las hierbas y el líquido. 
- Colar: poner una tela de algodón sobre un colador arriba de un platón y vertir el vinagre de la mezcla. Apretar bien las hierbas hasta extraer el líquido remanente. Colar una segunda vez.
-Añadir una parte de miel o de glicerina por tres partes del vinagre en tintura para preservarlo.
-Embotellas poniendo en una botella limpia. Poner una etiqueta con nombre y fecha. 

Traducido por El Vibrero
Fuente: Tierra, Lesley. A Kid´s Herb Book   Ed. Robert D. Reed Publishers. E.U. 2000. 

30.9.14

Olvidémonos de las duchas cortas, o por qué el cambio personal no implica un cambio político.




Por Derrick Jensen


                                    




¿Acaso alguna persona en su sano juicio se lanzaría de cabeza al cubo de la basura para parar a Hitler?, ¿O creería que el hacer composta habría acabado con la esclavitud, o lograría la jornada de ocho horas de trabajo? ¿Se creería que cortar leña y acarrear agua habría sacado a los presos de las cárceles zaristas, o que bailar desnudo alrededor del fuego ayudaría a elaborar la ley de derecho al voto de 1957, o la ley de derechos civiles de 1964? Entonces, ¿por qué ahora, con el mundo entero en juego, hay tanta gente que se retrotrae a las “soluciones personales”? Una parte del problema es que hemos sido víctimas de una campaña sistemática de desorientación. La cultura del consumo y el pensamiento capitalista nos han enseñado a sustituir por actos de consumo individual la resistencia política organizada. La pelicula “Una verdad incómoda” ayudó a elevar la conciencia sobre el calentamiento global.
Pero ¿se dieron ustedes cuenta de que todas las soluciones que presentaba tenían que ver con el consumo personal, con cambiar las bombillas a bajo consumo, inflar las ruedas, conducir la mitad, etc. y que no tenían nada que ver con quitar el poder a las grandes empresas o parar el crecimiento económico que está destruyendo el planeta? Si cada persona en los EE. UU. hubiese hecho lo que la película sugería, las emisiones de carbono de los EE. UU. se habrían reducido apenas un 22%. El consenso científico es que hay que reducir al menos el 75% de las emisiones.
O hablemos del agua.
Oímos con mucha frecuencia que el agua empieza a escasear en el mundo. Hay gente que muere por falta de agua. Los ríos se van secando por falta de agua. Es por ello por lo que tenemos que darnos duchas más cortas. ¿Ven la desconexión? ¿Soy acaso responsable del agotamiento de los acuíferos por darme duchas? Pues no, porque más del 90% del agua que utilizan los seres humanos la consume la agricultura y la industria. Y el 10 por ciento restante se divide entre los usos municipales y el consumo humano real. En general, los campos de golf municipales consumen tanta agua como los habitantes de los municipio. Los seres vivos (humanos y peces) no se están muriendo porque el mundo se esté quedando sin agua, sino porque el agua se está robando. 
O Hablemos de energía.
Kirkpatrick Sale lo resumió con acierto: La historia se ha repetido en los últimos 15 años: el consumo residencial individual en coche privado es apenas un cuarto de todo el consumo; la gran mayoría del consumo (energético) es comercial, industrial, corporativo de la agricultura mecanizada y gubernamental (olvidó mencionar el militar). Por tanto, incluso aunque todos nosotros fuésemos en bicicleta y nos calentásemos con estufas de leña, ello supondría un impacto inapreciable en el uso energético, en el calentamiento global y en la contaminación atmosférica”. O hablemos de desechos.
En 2005, la producción municipal de basura fue de unos 705 kilos per capita (en realidad, lo que ponemos en el cubo de la basura) en los EE. UU. Supongamos que es usted un activista muy exigente y con una forma de vida muy sencilla y reduce esto a cero. Recicla todo. Lleva las bolsas de la ropa para hacer compras. Arregla el tostador, sus dedos sobresalen por la puntera de sus zapatillas. Pues aún así, no es suficiente. Dado que la basura municipal no sólo incluye a la residencial sino también la que emana de las oficinas públicas y de los negocios, se va en manifestación a estas oficinas, con los panfletos de reducción de desechos en la mano y les convence para eliminar la parte de la basura que a usted le corresponde. Vaya, hay malas noticias: la basura municipal apenas supone el 3 por ciento de toda la producción de residuos en los EE. UU. Trataré de explicarme. No estoy diciendo que no debamos vivir de forma más sencilla. Yo mismo vivo de forma razonablemente sencilla, pero no creo que el no comprar mucho (o no conducir mucho o no tener hijos) sea un poderoso acto político o que sea profundamente revolucionario. No lo es.
Los cambios personales no significan cambios sociales. Por tanto ¿cómo es que ahora y especialmente con el mundo en una encrucijada, hemos llegado a aceptar estas respuestas absolutamente insuficientes? Creo que en parte es porque estamos en un doble aprieto. Y un doble aprieto es cuando se ofrecen varias opciones, pero sea cual fuere la escogida, siempre se pierde y no es posible retirarse.
A estas alturas, debería resultar bastante fácil reconocer que cada acción que implica a la economía industrial es destructiva (y no deberíamos pretender que la energía solar fotovoltaica, por ejemplo, nos sacará de esto, ya que también exige minería e infraestructuras de transporte en cada punto del proceso de producción; y lo mismo puede decirse de cualquier otra tecnología de las llamadas “verdes”. Por tanto, si elegimos esta opción, si participamos ávidamente en la economía industrial, podemos creer a corto plazo que ganaremos, porque acumulamos riqueza, que es el signo del “éxito” en esta cultura. Pero, en realidad, perdemos, porque la civilización industrial está acabando con el planeta, lo que significa que todo el mundo pierde.
Si elegimos la otra opción, la de vivir de manera más sencilla, esto causa menos daño, pero no se consigue evitar que la economía industrial acabe con el planeta y podemos llegar a pensar a corto plazo que ganamos, porque nos sentimos más puros e incluso no tenemos que dar todo de nosotros (apenas lo suficiente para justificar que no se pare el horror), pero también en este caso realmente perdemos, porque la civilización industrial sigue cargándose el planeta, lo que significa que todos perdemos.
La tercera opción, que consiste en actuar de forma decisiva para frenar la economía industrial, produce mucho miedo por varias razones, incluyendo alguna, aunque no sólo esa, de que perdemos algunos de los lujos (como la electricidad) a los que nos hemos acostumbrado desde que nacimos y por el hecho de que aquellos que están en el poder pueden intentar matarnos si impedimos, de forma seria, su capacidad de explotar al mundo, aunque ninguna de estas razones altera el hecho de que sea una opción mejor que la de un planeta muerto.
Cualquier opción es mejor que la de un planeta muerto. Además de lo improbable de promover los tipos de cambios necesarios para evitar que esta cultura termine aniquilando el planeta, hay al menos otros cuatro problemas al considerar los sencillos modos de vida como un acto político (contrariamente a vivir de forma sencilla porque es lo que uno desea hacer). El primero es que se postula sobre la errónea noción de que los seres humanos necesariamente dañan su entorno. Vivir de forma simple como un acto político, consiste solamente en reducir el daño, ignorando que los seres humanos pueden ayudar a la Tierra tanto como pueden dañarla.
Podemos rehabilitar los cauces, podemos eliminar los efluentes invasivos, podemos eliminar las (re)presas, podemos trastocar el sistema político inclinado hacia los ricos y hacia los un sistema económico extractivo, podemos destruir el sistema económico que está destruyendo el mundo real y físico. El segundo problema, y éste es considerable, es el que asigna la culpabilidad a las personas, y muy especialmente a los más desfavorecidos, en vez de adjudicársela a aquellos que realmente detentan el poder en este sistema, y al sistema en sí. Kirkpatrick de nuevo: “La culpabilización absolutamente individualista del qué-puedes-hacer-tú-para-salvar-la-tierra es un mito. Nosotros, como individuos, no hemos creado la crisis y no podemos resolverla.”
El tercer problema es que aceptamos la redefinición capitalista que nos convierte de ciudadanos en consumidores. Al aceptar esta redefinición, reducimos nuestras posibles formas de resistencia a consumir o a no consumir. Los ciudadanos tienen muchas más tácticas de resistencia a su disposición, incluyendo el votar, o no votar, postularnos, hacer panfletos, boicotear, organizarnos, agruparnos, protestar y cuando un gobierno atente contra la vida o la libertad y contra la búsqueda de la felicidad, tenemos el derecho de alterarlo o abolirlo.
El cuarto problema es que el punto final de la lógica que subyace bajo las formas de vida sencillas, entendidas como un acto político, es suicida. Si cada acto en una economía industrial es destructivo; si deseamos frenar esa destrucción y si no tenemos voluntad o somos incapaces de preguntarnos (y mucho menos de destruir) las infraestructuras intelectuales, morales, económicas o físicas que hacen que cada acto de la economía industrial sea destructivo, entonces se puede llegar a creer que causaremos la menor destrucción posible si morimos.
La buena noticia es que hay otras opciones. Podemos seguir los ejemplos de los valientes activistas que vivieron en tiempos difíciles. He mencionado la Alemania nazi, la Rusia zarista, a los pacifistas estadounidenses que hicieron mucho más que manifestar su pureza moral; se opusieron activamente a las injusticias que les rodeaban. Podemos seguir el ejemplo de aquellos que recordaron que el papel de un activista no consiste en navegar en los sistemas opresivos con tanta integridad como sea posible, sino más bien en enfrentarse y derribar estos sistemas.

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