Visiones e Intentos de este proyecto

La visión principal que nos guía es ir creando, explorando, difundiendo empezando desde lo pequeño, lo cercano, lo inmediato, para así ir creciendo en espiral pero siempre de una forma envolvente para que no queden espacios desatentidos en una dimensión demasiado grande para nuestra capacidad de intuír, reflexionar y accionar.

Mostrando las entradas con la etiqueta seres inspiradores. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta seres inspiradores. Mostrar todas las entradas

30.9.14

Olvidémonos de las duchas cortas, o por qué el cambio personal no implica un cambio político.




Por Derrick Jensen


                                    




¿Acaso alguna persona en su sano juicio se lanzaría de cabeza al cubo de la basura para parar a Hitler?, ¿O creería que el hacer composta habría acabado con la esclavitud, o lograría la jornada de ocho horas de trabajo? ¿Se creería que cortar leña y acarrear agua habría sacado a los presos de las cárceles zaristas, o que bailar desnudo alrededor del fuego ayudaría a elaborar la ley de derecho al voto de 1957, o la ley de derechos civiles de 1964? Entonces, ¿por qué ahora, con el mundo entero en juego, hay tanta gente que se retrotrae a las “soluciones personales”? Una parte del problema es que hemos sido víctimas de una campaña sistemática de desorientación. La cultura del consumo y el pensamiento capitalista nos han enseñado a sustituir por actos de consumo individual la resistencia política organizada. La pelicula “Una verdad incómoda” ayudó a elevar la conciencia sobre el calentamiento global.
Pero ¿se dieron ustedes cuenta de que todas las soluciones que presentaba tenían que ver con el consumo personal, con cambiar las bombillas a bajo consumo, inflar las ruedas, conducir la mitad, etc. y que no tenían nada que ver con quitar el poder a las grandes empresas o parar el crecimiento económico que está destruyendo el planeta? Si cada persona en los EE. UU. hubiese hecho lo que la película sugería, las emisiones de carbono de los EE. UU. se habrían reducido apenas un 22%. El consenso científico es que hay que reducir al menos el 75% de las emisiones.
O hablemos del agua.
Oímos con mucha frecuencia que el agua empieza a escasear en el mundo. Hay gente que muere por falta de agua. Los ríos se van secando por falta de agua. Es por ello por lo que tenemos que darnos duchas más cortas. ¿Ven la desconexión? ¿Soy acaso responsable del agotamiento de los acuíferos por darme duchas? Pues no, porque más del 90% del agua que utilizan los seres humanos la consume la agricultura y la industria. Y el 10 por ciento restante se divide entre los usos municipales y el consumo humano real. En general, los campos de golf municipales consumen tanta agua como los habitantes de los municipio. Los seres vivos (humanos y peces) no se están muriendo porque el mundo se esté quedando sin agua, sino porque el agua se está robando. 
O Hablemos de energía.
Kirkpatrick Sale lo resumió con acierto: La historia se ha repetido en los últimos 15 años: el consumo residencial individual en coche privado es apenas un cuarto de todo el consumo; la gran mayoría del consumo (energético) es comercial, industrial, corporativo de la agricultura mecanizada y gubernamental (olvidó mencionar el militar). Por tanto, incluso aunque todos nosotros fuésemos en bicicleta y nos calentásemos con estufas de leña, ello supondría un impacto inapreciable en el uso energético, en el calentamiento global y en la contaminación atmosférica”. O hablemos de desechos.
En 2005, la producción municipal de basura fue de unos 705 kilos per capita (en realidad, lo que ponemos en el cubo de la basura) en los EE. UU. Supongamos que es usted un activista muy exigente y con una forma de vida muy sencilla y reduce esto a cero. Recicla todo. Lleva las bolsas de la ropa para hacer compras. Arregla el tostador, sus dedos sobresalen por la puntera de sus zapatillas. Pues aún así, no es suficiente. Dado que la basura municipal no sólo incluye a la residencial sino también la que emana de las oficinas públicas y de los negocios, se va en manifestación a estas oficinas, con los panfletos de reducción de desechos en la mano y les convence para eliminar la parte de la basura que a usted le corresponde. Vaya, hay malas noticias: la basura municipal apenas supone el 3 por ciento de toda la producción de residuos en los EE. UU. Trataré de explicarme. No estoy diciendo que no debamos vivir de forma más sencilla. Yo mismo vivo de forma razonablemente sencilla, pero no creo que el no comprar mucho (o no conducir mucho o no tener hijos) sea un poderoso acto político o que sea profundamente revolucionario. No lo es.
Los cambios personales no significan cambios sociales. Por tanto ¿cómo es que ahora y especialmente con el mundo en una encrucijada, hemos llegado a aceptar estas respuestas absolutamente insuficientes? Creo que en parte es porque estamos en un doble aprieto. Y un doble aprieto es cuando se ofrecen varias opciones, pero sea cual fuere la escogida, siempre se pierde y no es posible retirarse.
A estas alturas, debería resultar bastante fácil reconocer que cada acción que implica a la economía industrial es destructiva (y no deberíamos pretender que la energía solar fotovoltaica, por ejemplo, nos sacará de esto, ya que también exige minería e infraestructuras de transporte en cada punto del proceso de producción; y lo mismo puede decirse de cualquier otra tecnología de las llamadas “verdes”. Por tanto, si elegimos esta opción, si participamos ávidamente en la economía industrial, podemos creer a corto plazo que ganaremos, porque acumulamos riqueza, que es el signo del “éxito” en esta cultura. Pero, en realidad, perdemos, porque la civilización industrial está acabando con el planeta, lo que significa que todo el mundo pierde.
Si elegimos la otra opción, la de vivir de manera más sencilla, esto causa menos daño, pero no se consigue evitar que la economía industrial acabe con el planeta y podemos llegar a pensar a corto plazo que ganamos, porque nos sentimos más puros e incluso no tenemos que dar todo de nosotros (apenas lo suficiente para justificar que no se pare el horror), pero también en este caso realmente perdemos, porque la civilización industrial sigue cargándose el planeta, lo que significa que todos perdemos.
La tercera opción, que consiste en actuar de forma decisiva para frenar la economía industrial, produce mucho miedo por varias razones, incluyendo alguna, aunque no sólo esa, de que perdemos algunos de los lujos (como la electricidad) a los que nos hemos acostumbrado desde que nacimos y por el hecho de que aquellos que están en el poder pueden intentar matarnos si impedimos, de forma seria, su capacidad de explotar al mundo, aunque ninguna de estas razones altera el hecho de que sea una opción mejor que la de un planeta muerto.
Cualquier opción es mejor que la de un planeta muerto. Además de lo improbable de promover los tipos de cambios necesarios para evitar que esta cultura termine aniquilando el planeta, hay al menos otros cuatro problemas al considerar los sencillos modos de vida como un acto político (contrariamente a vivir de forma sencilla porque es lo que uno desea hacer). El primero es que se postula sobre la errónea noción de que los seres humanos necesariamente dañan su entorno. Vivir de forma simple como un acto político, consiste solamente en reducir el daño, ignorando que los seres humanos pueden ayudar a la Tierra tanto como pueden dañarla.
Podemos rehabilitar los cauces, podemos eliminar los efluentes invasivos, podemos eliminar las (re)presas, podemos trastocar el sistema político inclinado hacia los ricos y hacia los un sistema económico extractivo, podemos destruir el sistema económico que está destruyendo el mundo real y físico. El segundo problema, y éste es considerable, es el que asigna la culpabilidad a las personas, y muy especialmente a los más desfavorecidos, en vez de adjudicársela a aquellos que realmente detentan el poder en este sistema, y al sistema en sí. Kirkpatrick de nuevo: “La culpabilización absolutamente individualista del qué-puedes-hacer-tú-para-salvar-la-tierra es un mito. Nosotros, como individuos, no hemos creado la crisis y no podemos resolverla.”
El tercer problema es que aceptamos la redefinición capitalista que nos convierte de ciudadanos en consumidores. Al aceptar esta redefinición, reducimos nuestras posibles formas de resistencia a consumir o a no consumir. Los ciudadanos tienen muchas más tácticas de resistencia a su disposición, incluyendo el votar, o no votar, postularnos, hacer panfletos, boicotear, organizarnos, agruparnos, protestar y cuando un gobierno atente contra la vida o la libertad y contra la búsqueda de la felicidad, tenemos el derecho de alterarlo o abolirlo.
El cuarto problema es que el punto final de la lógica que subyace bajo las formas de vida sencillas, entendidas como un acto político, es suicida. Si cada acto en una economía industrial es destructivo; si deseamos frenar esa destrucción y si no tenemos voluntad o somos incapaces de preguntarnos (y mucho menos de destruir) las infraestructuras intelectuales, morales, económicas o físicas que hacen que cada acto de la economía industrial sea destructivo, entonces se puede llegar a creer que causaremos la menor destrucción posible si morimos.
La buena noticia es que hay otras opciones. Podemos seguir los ejemplos de los valientes activistas que vivieron en tiempos difíciles. He mencionado la Alemania nazi, la Rusia zarista, a los pacifistas estadounidenses que hicieron mucho más que manifestar su pureza moral; se opusieron activamente a las injusticias que les rodeaban. Podemos seguir el ejemplo de aquellos que recordaron que el papel de un activista no consiste en navegar en los sistemas opresivos con tanta integridad como sea posible, sino más bien en enfrentarse y derribar estos sistemas.

18.1.11

Involucionando la Civilización Entrevista con Derrick Jensen



(No 26 de No Compromise)
Derrick Jensen es un prolífico escritor, orador y activista. Él es el autor de Escuchando a la Tierra, Un lenguaje más antiguo que las palabras, La cultura de la invención, Extraño como la guerra: El asalto global en los bosques, y Bienvenido a la Máquina: Ciencia, Vigilancia y La Cultura del Control, entre otros.
 
NC: ¿ Qué esperas alcanzar a través de tus escritos ?

DJ: Yo quiero involucionar la civilización. Estoy interesado en vivir en un mundo que tenga cada año más salmón en estado salvaje que el año anterior. Un mundo que tenga más pájaros cantores migratorios que el año pasado. Un mundo que tenga menos toxinas y elementos nocivos en la leche materna, un mundo que no esté siendo destruido, un mundo en donde la población de krill no esté colapsando, un mundo donde no haya zonas muertas en los océanos, un mundo que no esté siendo sistemáticamente desarmado. Yo quiero vivir en un mundo que no esté siendo asesinado y haré cualquier cosa por conseguirlo. Es realmente claro que durante los pasados 6000 años la civilización ha estado asesinando el planeta. Estoy de parte del planeta.

NC: Tú hablas mucho sobre la esperanza. ¿Piensas que existe algún poder en la desesperanza?

DJ: Creo que la esperanza es realmente dañina por varias razones. Las falsas esperanzas nos atan a situaciones insoportables y nos hacen ciegos a las reales oportunidades. ¿Realmente piensa alguien que Weyerhaeuser va a parar de deforestar sólo porque se lo pidamos amablemente? ¿Realmente piensa alguien que si un demócrata estuviera dentro de la Casa Blanca que las cosas estarían mejor? ¿Cree alguien que los vivisectores dejarán de torturar animales sólo porque nosotros nos paremos afuera con un lienzo? Eso no significa que no debamos pararnos afuera con ese lienzo. Lo que realmente significa es que, ¿realmente creemos que ellos se detendrán sólo porque nosotros estemos haciendo eso? Y si tú no lo crees, ¿qué significa eso entonces? El libro que recién terminé está muy centrado en esa pregunta. ¿Tú crees que la cultura sufrirá una transformación voluntaria para obtener una forma sustentable de vida? Si no, ¿qué significa eso para nuestras estrategias y nuestras tácticas? Nosotros no sabemos. La razón por la que no lo sabemos es que no hacemos esa pregunta. La razón por la que no hacemos esa pregunta es que estamos demasiado ocupados pretendiendo que tenemos esperanza. Una de las cosas más inteligentes que hicieron los Nazis fue neutralizar la racionalidad y la esperanza. La forma en que hicieron eso fue haciéndolo de tal manera que en cada paso del camino estuviera en la psiquis de los Judíos, que el mejor interés era no resistir. ¿Prefieres tener una tarjeta de identificación o resistir y posiblemente ser asesinado? ¿Prefieres ir a un ghetto o resistir y posiblemente ser asesinado? ¿Prefieres ir en un camión para ganado o resistir y posiblemente ser asesinado? ¿Prefieres tomar una ducha o resistir y posiblemente ser asesinado? Cada paso del camino, estaba en sus conciencias de que el mejor interés es no resistir. Pero les diré algo realmente importante. Los Judíos que participaron en la rebelión del ghetto de Warsaw tenían una taza mucho más elevada de sobrevivencia que aquellos que cooperaron. Necesitamos mantener eso en mente para los próximos diez años.
 
NC: ¿Cómo podemos involucionar la civilización?

DJ: He hecho beneficios para los prisioneros por la liberación de la tierra y he apoyado totalmente las acciones del E.L.F. y del A.L.F. Dicho eso, tengo una crítica, que es que deseo que ellos mejoren en infraestructura. Creo que lo que necesitamos hacer es buscar las áreas más debilitadas. Por ejemplo, un hombre actuando totalmente por sí solo casi detuvo la Segunda Guerra Mundial (Antes de referirme a esto, necesito aclarar que no estoy hablando de asesinar a George Bush). George Elser fue un tipo que decidió matar a Hitler. Cualquiera que hable sobre la resistencia alemana en la Segunda Guerra Mundial tenia bastante claro que matar a Hitler era crucial para detener la guerra. Era fines de 1939. La guerra había recién comenzado y pudo haber sido detenida. Elser fue capaz de fabricar una bomba, ponerla en un lugar donde Hitler estuviera yendo a dar un discurso y ajustar el tiempo. Hitler, en vez de terminar su discurso en el tiempo normal, se adelantó por media hora. En vez de finalizar a las 9:30, como siempre lo hacía, terminó a las 9:00. Él ya estaba fuera del edificio a las 9:10 y la bomba explotó a las 9:20. Entonces, fue por tan sólo 10 minutos que se pudo haber detenido la guerra. La razón específica por la que estoy diciendo que no estoy postulando lo mismo para George Bush, es que Bush no maneja la suerte de poder que sí tenía Hitler. Si Bush estuviera a punto de ahogarse, Cheney tomaría el poder. En ese caso específico, un asesinato no haría tanto bien como podría haberlo hecho con Hitler. Sin embargo, el punto que planteo es que la situación de Elser es un ejemplo de levantamiento de poder. Un levantamiento de poder no tiene que ser violento. Yo mismo estoy levantando mi voz al escribir un punto que se opone a estar parado en la esquina de la calle. Cuando los individuos liberan a los animales, creo que lo que tratan de hacer es salvar esos animales específicos. Eso podría ser lo mismo que detener una represa. La motivación primaria podría ser liberar ese tramo del río. Pero creo que, por ejemplo, si alguien quema un SUV (Sport Utility Vehicle), eso no tiene mucha ventaja posicional. Ese es un gran riesgo para no muchos resultados. De ninguna forma estoy diciendo algo negativo sobre alguna de las personas que han tenido el monstruoso coraje de hacer esos actos, pero si vas a hacer apresado por más de 20 años por quemar un par de SUVs, hay otras cosas que yo podría hacer mejor. Esa es actualmente mi mayor crítica al ELF y al ALF, y que en realidad no es necesariamente una crítica, porque a mí me gustaría que continuaran con lo que están haciendo. En suma, de cualquier manera, me gustaría ver a otros mejorando su infraestructura. He hablado con hackers que han dicho cosas que sugieren que el hackeo es la gran promesa.

NC: ¿Cómo mantienes un punto de vista positivo y te mantienes tú mismo motivado y enfocado en la lucha?

DJ: Aquí parece estar la idea de que, si entiendes como son las cosas malas, tienes que ser miserable al mismo tiempo. Pero la verdad es que estoy realmente alegre y triste a la vez. Estoy lleno de furia, lleno de ira, y también lleno de amor. La gente gasta toda su energía luchando contra la desesperación. Bueno, la desesperación es una respuesta apropiada a una situación angustiante. Conlleva una tremenda cantidad de energía intentar no sentir esos “sentimientos negativos”. El sufrimiento es sólo sufrimiento, y el dolor es sólo dolor. No es mucho el sufrimiento y el dolor que hiere como la resistencia ante eso. Voy a citar un párrafo de mi nuevo libro porque ahí aborde este tema: “La mayor parte de nuestros actos son, lamentablemente, improductivos. Si ese no fuera el caso, no estaríamos siendo testigos de la destrucción del mundo. Aún continuamos haciendo los mismos antiguos y simbólicos actos y seguimos llamando la creación de esta o esa afirmación una gran victoria. Ahora, si no me equivoco, las victorias simbólicas pueden dar grandes estímulos morales, los que pueden ser cruciales. No obstante, cometemos un fatal y francamente patético error cuando presumimos que nuestras victorias simbólicas y nuestros estímulos morales hacen por sí mismos tangibles las diferencias en la tierra, y jamás deberíamos olvidar que lo que sucede en la tierra, es lo único que interesa. Allí es cuando viene un período en la vida de muchos activistas continuos cuando las victorias simbólicas no son lo suficientemente duraderas, como es posible a veces. Esa es la etapa en donde muchos de estos activistas se frustran, se deprimen y desmoralizan. Muchos luchan contra la angustia. Yo creo que luchar contra la angustia es un error. Pienso que esta angustia es, habitualmente, una falta de conocimiento, entendiendo que las tácticas que ellos han usado no han cumplido con lo que ellos pretendían y las triunfos que han perseguido no han sido suficientes ante la crisis que observamos. Los activistas se molestan y frustran porque están tratando de alcanzar sustentabilidad con un sistema que es inherentemente insustentable. Así nunca podrán ganar. No harán ninguna maravilla. Pero en vez de escuchar realmente a esos sentimientos, a menudo toman un par de semanas de vacaciones y luego vuelven tratando de poner los mismos viejos y cuadrados ganchos dentro de los mismos viejos y redondos hoyos. El resultado: más irritación, más frustración, más desaliento, y el salmón sigue muriendo. ¿Qué pasaría si escucháramos estos sentimientos de frustración, desesperación, angustia y desmoralización ? ¿Qué nos dirían estos sentimientos? ¿ Es posible que ellos mismos nos pudieran decir que lo que estamos haciendo no es trabajar, y por eso deberíamos tratar de hacer algo más ? Quizás estos sentimientos nos están invitando a transformar las metáforas. A que dejemos de tratar de salvar lo que queda de un campo de concentración y mejor tratemos de destruir ese campo completo.

12.11.10

FUTURO PRIMITIVO


por John Zerzan


La división del trabajo, que tanto ha contribuido a sumergirnos en la crisis mundial de nuestro tiempo, actúa cotidianamente para impedirnos comprender el origen del horror actual. Mary Lecron y otros académicos afirman, eufemísticamente, que, hoy en día, la antropología está "amenazada por una fragmentación grave y destructiva". Shanks y Tilley se hacen eco de un problema similar "el objetivo de la arqueología no es solamente interpretar el pasado, sino transformar la manera en como es interpretado en beneficio de la reconstrucción social actual". Evidentemente las ciencias sociales, por si mismas, se limitan la perspectiva y la profundidad de visión que permitirían una reconstrucción como esta. En el apartado de los orígenes y del desarrollo de la humanidad, el abanico de disciplinas y subdisciplinas cada día más ramificado –antropología, arqueología, paleontología, etología, paleobotánica, etnoantropología, etc- reflejan el efecto reductor y incapacitante del que la civilización ha dado muestras desde sus inicios.
La literatura especializada puede, a pesar de todo, proporcionar una idea altamente apreciable, a condición de abordarla con el método y la vigilancia apropiados, a condición de tener la decisión de atravesar los límites. De hecho las deficiencias en el pensamiento ortodoxo corresponden a las exigencias de una sociedad cada vez más frustrante. La insatisfacción con la vida se transforma en desconfianza frente a las mentiras oficiales que sirven para justificar estas condiciones de existencia; esta desconfianza, permite así mismo esbozar un cuadro más fiel del desarrollo de la humanidad. Se ha explicado exhaustivamente la renuncia y la sumisión que caracterizan la vida moderna por las "características de la naturaleza humana". Así mismo, el límite de nuestra existencia precivilizada, hecha de privaciones, de brutalidad y de ignorancia acaba por hacer aparecer la autoridad como un beneficio que nos salva del salvajismo. Aun se invoca al "hombre de las cavernas" y al "hombre de neanderthal" para indicarnos donde estaríamos sin la religión, el Estado y los trabajos forzados.

Para continuar con la lectura de este texto:

http://www.sindominio.net/ecotopia/textos/futuprim.html 

2.10.10

Por qué Wendell Berry es importante (2004)



Wendell Berry, 70 años recien cumplidos, se ha establecido como tantas cosas en su vida: un sabio veterano de la agricultura sostenible; un defensor progresista de la virtud y tradición; uno de nuestros granjeros más famosos en renunciar al uso del tractor; y uno de nuestros autores más aclamados en rehuir la computadora.






Para apreciar a Berry, debemos primero entender que él ha comprometido su vida a la fe--"la fe siendo," él dice, "que si usted hace un compromiso y lo sostiene hasta la muerte, habrán recompensas." Su propio compromiso, sobre todos, es hacia el lugar donde ha de vivir: encontrar un hogar y quedarse allí.



Al mantenerse en un solo lugar, Berry ha construido una política que ha cambiado poco a través de su carrera literaria de 45 años, sin embargo, aun es un iconoclasta. En los años setenta, hizo ver anticuado al ambientalismo de la Nueva Guardia al unirlo al tradicional sentimiento agrario. Entonces hizo ver a los "conservadores" como futuristas temerarios,  resaltando la amenaza que el crecimiento desenfrenado del mercado y la expansión tecnológica significa tanto para los valores comunitarios como el bienestar ecológico. Para una nación ostensiblemente amarrada a una bien definida división política, él representa una voz americana que difícil de clasificar.

A principios de los años sesenta, Wendell Berry iba camino a una brillante carrera en la metrópoli literaria. Se convirtió en la envidia de muchos autores jóvenes, cosmopolitas; él había publicado un libro de poemas y una novela. Terminó una colegiatura en Stanford y aceptó una codiciada posición de docente en la Universidad de Nueva York.

Entonces, en 1964, Berry decidió abandonar la ciudad y retornar a sus raíces rurales. Intentando disuadirlo, los miembros mas antiguos de la facultad le advirtieron, "Joven, usted no puede ir de nuevo a casa." Sin embargo Berry hizo precisamente eso. Se mudó al Condado Henry, en Kentucky--donde sus antepasados habían trabajado la tierra por más de 150 años--a cuidar su granja familiar y enseñar. Allí ha permanecido, produciendo más de 40 libros de poesía, ficción, y ensayos.

Cuando Wendell Berry nació, el 5 de agosto de 1934, habían aproximadamente 6.8 millones de granjas familiares en los EE.UU. Para 1975, el número se había reducido en más del 60 por ciento, a 2.5 millones. El número de granjas individuales se había elevado. Y el uso de insumos petroquímicos, una rareza antes de la Segunda Guerra Mundial, se había disparado. Estos cambios eran menos producto de la tecnología inevitable, que de una estrategia de planificación. A través de las administraciones subsecuentes, el Departamento de Agricultura le dijo a los granjeros, o "se vuelven grandes o quedan fuera." Earl Butz, Secretario de Agricultura bajo Richard Nixon, proclamó que la agricultura "ahora es un negocio grande" y que la granja familiar "igual que la empresa comercial moderna... se debe adaptar o debe morir."

Para los años setenta, había un extenso descontento entre los granjeros por el impacto de los métodos agroindustriales: los monocultivos y pesticidas, la expansión y la deuda. Wendell Berry cristalizó y afiló la incipiente desesperación de los granjeros pequeños. Su libro de  1977, The Unsettling of América, produjo la más aguda crítica hacia la agricultura industrial proveniente de un naciente movimiento para la agricultura sostenible.

"Sin arrepentimiento," Berry escribió, "cada vez con menos interés en las disciplinas de economía y conservación... nuestra agricultura actual desperdicia mantilla, agua de riego, el combustible fósil, y la energía humana. ...nos estamos alimentando de manera desconsiderada, como ninguna otra sociedad alguna vez ha podido hacer."

  Los moradores de la ciudad mal podrían permitirse el lujo de ignorar estas tendencias, argumentó. "Sin importar que tan urbana es nuestra vida, nuestros cuerpos viven de la agricultura; nosotros venimos de la Tierra y retornaremos a ella, y es así que existimos en la agricultura tanto como existimos en nuestra propia carne." En otra parte del libro concluyó, "Vivir a expensas de la fuente de vida es evidentemente suicida."

En los dos décadas y medio desde que escribió esas palabras, Berry ha continuado expresando la misma preocupación. Como lo expresó en 1999, "Nuestra política agrícola, como nuestra política energética, es simplemente gastar todo lo que podamos." Oponiéndose a esta manera de pensar, él ha surgido, a través de sus ensayos y trabajos literarios, como un portavoz importante para el movimiento agrario, una filosofía que celebra el cuidadoso mantenimiento de la tierra por parte del pequeño granjero. Como los  agrarios anteriores, Berry invoca los ideales de Jefferson: "Los Cultivadores de la Tierra son los ciudadanos más valiosos," escribieron los padres de la patria. "Son los más vigorosos, los más independientes, los más virtuosos, y ellos están atados a su país y casados a su libertad e intereses por los lazos más duraderos."

Como sugiere la mención de un presidente con peluquín empolvado, el movimiento agrario ha existido durante mucho tiempo. Ha sido a menudo populista, pero raramente ecológicamente dispuesto. La estudiosa Kimberly Smith escribe, "Si el movimiento agrario ecológico de Berry no nos parece particularmente innovador, es porque él hace que el matrimonio entre el movimiento agrario y el pensamiento medioambiental parezca tan natural que nosotros siempre asumimos que el movimiento agrario implicaba sensibilidad ecológica--o que esa sensibilidad ecológica siempre implicó un apoyo hacia la agricultura familiar." De hecho, antes de Berry, la brecha entre granjeros y activistas ecológicos era casi tan profundo como ahora lo es entre madereros y aquellos que protegen a los árboles.

Berry se estableció como una figura importante zanjando una brecha llena de sospecha mutua. Él nació entre los granjeros más viejos y había regresado a su hogar. Pero él también había pasado tiempo rodeado por la emergente Nueva Izquierda y había hecho campaña contra la destructividad lasciva de la minería abierta. Era a la vez un nativo y alguien que había retornado a la tierra. Representaba la nueva cara de la agricultura orgánica, y su cara vieja también.

Más pequeño, Más Lento, Mejor

"Como casi todos los demás, estoy conectado a las corporaciones de energía que yo no admiro. Espero volverme menos dependiente de ellos. En mi trabajo, intento estar lo menos conectado a ellos como me sea posible. Como granjero, hago casi todo mi trabajo con caballos. Como escritor, trabajo con lápiz o una pluma y un pedazo de papel."

Así comenzó el ensayo que, quizás más que cualquier otro, ha generado controversia y crítica para Wendell Berry: su trabajo de 1987, "Por Qué No Voy a Comprar una Computadora." Desde la época de The Unsettling of América, algunos partidarios habían sugerido que la admiración imperturbable de Berry por el pueblo Amish daba a sus detractores un blanco demasiado fácil. Pero fue el rechazo por parte del escritor a Windows y Mac que realmente dio en un nervio. El ensayo que se publicó en la revista Harper, incitó a una andanada de cartas burlonas.

Berry permaneció incólume. Entonces como ahora, cuando es tildado como un Luddite, Berry sale en defensa del grupo. "Estas fueron las personas que se atrevieron a afirmar que había necesidades y valores que justificadamente toman precedencia por encima de la industrialización," él escribe; "ellos fueron las personas que rechazaron el determinismo de la innovación tecnológica y la explotación económica."

Haríamos bien en mantener tal escepticismo hoy, Berry contiende. Él no rechaza nuevas invenciones así por así. Él vuela en aviones, maneja un automóvil, y corta madera con una moto-sierra. Pero no está dispuesto en aceptar "adelantos" tecnológicos para promover su propia causa. Nos hace preguntar a "qué objetivo más alto" sirve cada innovación, y cual será su posible impacto en nuestras comunidades.

En una sociedad que constantemente equipara la tecnología con el progreso, tal línea de cuestionamiento es una herejía. Condenaría a Berry al retrete de la opinión pública--sólo que, con su impecable lógica, hace que posición parezca de sentido común. En vez de voltear los ojos, nos preguntamos por qué no se nos ocurrió primero.

Veamos su punto de vista sobre la computadora: " [Una] computadora, me dicen... le ayudará a escribir más, más rápidamente y más fácil... Quiero yo, entonces, escribir más, más rápidamente y más fácil?" se pregunta. "No. Mis normas no son velocidad, facilidad y cantidad. Ya he dejado demasiada evidencia que... he escrito demasiado, demasiado rápido y demasiado fácilmente."

Escribe en otra parte: "Voy al bosque con un lápiz y algún papel... y estoy tan preparado para realizar mi labor como el presidente de IBM."

Citando a Edward Abbey, Berry dice que la economía global opera con "la ideología de una célula de cáncer." Es decir, debe crecer para sobrevivir. "Los objetivos de... el crecimiento ilimitado, riqueza ilimitada, poder ilimitado, mecanización ilimitada y automatización," escribe Berry, "puede enriquecer y dar poder a unos pocos (durante algún tiempo), pero tarde o temprano nos arruinará a todos.

Éste es el mayor punto de su crítica tecnológica. Pueda que usted no esté de acuerdo con Berry sobre dónde colocar el límite, pero si vamos a sobrevivir, ciertamente el límite debe colocarse.

Desde el punto de vista de Berry, la libertad no se trata de una autonomía individual sin restricciones, sino mas bien por cuales restricciones nos regiremos y ante cuales comunidades nos haremos responsables. Se trata de tomar opciones activas en una época de consumo pasivo. En una era muy móvil, cuando muchas personas son involuntariamente presionadas por la economía global, su decisión de asentarse en un solo condado es menos un retroceso que el ejercicio de una libertad muy moderna y privilegiada. Igualmente, en un tiempo marcado por la adulación impensable de todas las cosas electrónicas, la consideración cuidadosa de la tecnología es menos anticuada que vanguardista.

"Si el uso de una computadora es una nueva idea," escribe Berry en un momento furtivo, "entonces una idea más nueva es no usarla."

Izquierda, Derecha, Izquierda, Derecha

Berry es indiferente hacia las personas que tildan sus actos personales como una resistencia "insignificante." "Thoreau dio la contestación definitiva a la tontería de 'números significantes' hace mucho tiempo: ¿Por qué debe esperar alguien hacer lo que es correcto hasta tanto los demás lo hagan? No es 'significante' amar a sus propios hijos o comer su propia cena. Pero los humanos normales no esperarán un mandato del Congreso para amar o comer."

Esta actitud de responsabilidad personal define la política de Berry. También infundió algunos de sus primeros poemas que vieron con ojos críticos la Guerra de Vietnam. En "Febrero 2, 1968," él escribe:

En la oscuridad de la luna, en la nieve volante, en lo profundo del invierno, La guerra extendiendo, familias muriendo, el mundo en peligro, Camino la ladera rocosa, sembrando trébol.

El poema ofrece una respuesta personal y elocuente a los estragos de la guerra. Al mismo tiempo, evita abrazar el movimiento de la protesta que tanto molestó a Lyndon Johnson.

De hecho, la orientación política de Berry ha sido notoriamente difícil de etiquetar. Si su sentimiento pacifista, su ambientalismo, y su desagrado para con la economía de mercado han sugerido que él es un izquierdista, otras características han llevado a algunos a preguntarse si Berry no es, en el fondo, un conservador.

En un movimiento ambientalista más acostumbrado a los místicos de la Nueva Era y a los agnósticos de la biociencia, la devota Cristiandad de Berry se destaca. Su adhesión incondicional a una fundamentación Bíblica lo ha encariñado con muchos religiosos más conservadores y ha producido metáforas poco comunes dentro de la principal corriente de literatura medioambiental. (El mantillo "es muy parecido a Cristo," escribe en su ensayo de 1968 titulado "Una Colina Nativa.")

El elogio de Berry hacia los Amish y sus conferencias sobre la fidelidad matrimonial sugieren que favorece un estricto orden social. Y, si habla sobre conducta mala ("la tontería," "el orgullo," "el pecado," "el error," "el descuido") o buena  ("el carácter," "la virtud," "la ley moral," "la fidelidad," "reverencia"), su lenguaje es moralizante, lo cual le hace correr el riesgo de parecerse a una Dra. Laura del movimiento agrario.

Varios factores, sin embargo, indican que Berry ha tenido éxito haciendo que ideas sus progresistas parezcan conservadoras, y no viceversa.

Habiendo emprendido una seria evaluación de su propia fe y habiéndose afincado en la tradición Cristiana, Berry no muestra rastros de fanatismo. Él reconoce una deuda profunda al Budismo y propone, en la estela del 9/11, que "nuestras escuelas deben empezar a enseñar las historias, culturas, artes, e idiomas de las naciones islámicas." Su disposición de luchar abiertamente con la religión fortalece su autoridad moral. Combinando su cuidado para con la tierra con su locuacidad espiritual, él puede proponer que en una economía Cristiana correcta (como en una propiamente Budista) es improbable que permitan la explotación de minas abiertas. Finalmente, Berry evita colocarse por encima de los demás al implicarse en los mismo males que critica. Él también se conecta a las corporaciones de energía, y no duda en recordárnoslo.

Un amigo me dijo una vez de Berry, "Si él fuera un movimiento, yo lo opondría." Pero él no es un movimiento, y no le interesaría ser uno. Más bien, es una voz moral. Él no quiere tanto ser emulado, como ser tomado cuidadosamente en consideración.

Que él no tiene interés en discípulos es afortunado, porque sus admiradores apenas cabrían en el Condado Henry. A sus 70 años, Wendell Berry está cosechando las recompensas de haber encontrado su lugar en el mundo. Él advierte a sus lectores que hagan lo mismo.

Berry escribe en su poema, "Quédese en Casa":

Esperaré aquí en los campos para ver qué tan bien la lluvia trae la hierba. En la labor de los campos más larga que la vida del hombre estoy en casa. No vengas conmigo. Quédese en casa también.


Mark Engler, escritor que vive en la ciudad de Nueva York, puede ser contactado por medio del sitio web http://www.DemocracyUprising.com.

11.5.10

Aldo Leopold

Aldoleopold.jpg

(11 de enero de 1887 Burlington -21 de abril de 1948, Wisconsin Iowa). Fue un silvicultor, ecólogo y ambientalista estadounidense. Influyó en el desarrollo de la ética ambiental y el movimiento por la preservación de la naturaleza salvaje. Leopold es considerado como el padre de la gestión de la vida silvestre en Estados Unidos y fue pescador y cazador. Murió en 1948 de un ataque al corazón, mientras luchaba contra el fuego en una granja vecina.


Aldo Leopold nació en Burlington Iowa. Creció en contacto con la naturaleza. Durante su juventud, la familia de Leopold pasaba los veranos en las islas Cheneaux de Míchigan. Estudio en la Lawrenceville School en New Jersey, y luego en la Escuela Forestal de la Universidad de Yale. Recibió el grado de Master en Forestales en 1909.Leopold desarrolló la apreciación por la naturaleza en términos de ecología, fuente de recursos naturales, estética y misterio. De allí en adelante, su vida profesional abarcó la silvicultura, la ecología y la escritura. Sirvió por 19 años en el Servicio Forestal de los Estados Unidos, en la Sección Sudoeste (Nuevo México y Arizona) hasta que fue transferido en 1924 al Laboratorio de Productos Forestales en Madison Wisconsin. En 1928 dejó el Servicio Forestal y comenzó a trabajar de manera independiente. Hizo la mayoría de las encuestas y juegos sobre vida salvaje de los Estados Unidos.
En 1933 se convirtió en profesor de Gestión en el Departamento de Agricultura Económica en la Universidad de Wisconsin-Madison. Vivió en una modesta casa de dos plantas cerca del campus con su esposa e hijos, y enseñó en la universidad hasta el día de su muerte. Hoy, su casa es un hito en la ciudad de Madison. Uno de sus hijos, Luna, se convirtió en un destacado profesor de hidrologíageología en la UC Berkeley. Su otro hijo, A. Starker Leopold, fue un connotado biólogo, también profesor de la UC Berkeley.
Como defensor de la preservación de la vida y las áreas salvajes, Leopold fundó la Wilderness Society en 1935. Nombrada en su honor Aldo Leopold Wilderness limita con la Gila National Forest en Nuevo México. Leopold fue el principal responsable de la propuesta de Gila como área salvaje protegida. Como resultado, en 1924, Gila National Forest se convirtió en la primera área salvaje protegida por el gobierno de los Estados Unidos. Juntos, Leopold Wilderness y Gila National Forest, son a menudo considerados como el punto de partida del movimiento de conservación de los Estados Unidos.
Sus escritos sobre la naturaleza son notables por su sencillez y claridad. Sus retratos de los paisajes naturales donde se movió, o que ha conocido por muchos años, dan una impresionante atmósfera de intimidad sobre lo que sucede y lo que existe en la naturaleza. Leopold criticó los daños que se hacen al medio natural, desde la cultura y la sociedad que ha tomado propiedad de la tierra, eclipsando el sentido de comunidad con la naturaleza, de la que el ser humano forma parte. Él sentía que la seguridad y la prosperidad que da la "mecanización" a las personas, les da también el tiempo para reflexionar sobre la riqueza de la naturaleza, y para aprender qué pasa en ella.

La obra central 

El libro de Leopold A Sand County Almanac ("Almanaque del Condado Arenoso") ha sido leído por millones de personas pues ha difundido la ecología como ciencia. Al mismo tiempo, tanto el trabajo de la Wilderness Society como el de Leopold han sido importantes precursores del movimiento ambientalista que se unió en un esfuerzo conjunto para el primer Día de la Tierra.
Publicado en 1949, un tiempo después de la muerte de Leopold, A Sand County Almanac es una combinación de historia natural, paisajes descritos con palabras y filosofía. Es quizás más conocido por la siguiente frase, que definiría la ética de la tierraUna cosa está bien mientras tiende a preservar la integridad, estabilidad y la belleza de la comunidad biótica. Está mala, si tiende a hacer lo contrario.

Conservación 

En La Ética de la Tierra, un capítulo de A Sand County Almanac, Leopold profundiza en la conservación en la sección La Consciencia Ecológica. Escribió: La conservación es un estado de armonía entre el hombre y la tierra. Leopold sentía que se necesitaba una educación de la conservación más fuerte, sin embargo la cantidad y la calidad estaban en debate. Al parecer de Leopold, el plan de estudios existente hasta entonces (fines de 1940) se resumía en: obedezca la ley, vote, únase a alguna organización y practique todo lo que pueda la conservación en su propio terreno: el gobierno hará el resto. Leopold era crítico con este tipo de fórmulas. Para él, eran exclusivamente utilitarias y no abordaban cuestiones éticas relevantes. Esto lo hizo llegar a la conclusión de que las obligaciones no significan nada sin conciencia, y el problema central era extender la conciencia social desde las personas hacia la tierra. Al tiempo que escribía, estaba seguro de que, sin beneficios de la filosofía y la religión, la conservación estaba condenada a ser un esfuerzo mínimo por la lucha contra el daño a la naturaleza. Con la esperanza de abordar cuestiones éticas y de enfrentar desafíos educacionales, Leopold presentó un ejemplo de la cuestión con la experiencia de la capa superficial de suelo de Wisconsin que se movía lentamente hacia el mar. En 1933 se ofreció asistencia técnica durante 5 años a los agricultores que adoptaran prácticas correctivas, lo que obtuvo una gran aceptación de parte de la gente. Una vez el período de 5 años se completó, los agricultores continuaron sólo con aquellas prácticas que les resultaban económicamente rentables, dejando de lado las prácticas que eran de provecho comunitario. Como respuesta, la Legislatura de Wisconsin, aprobó la Ley de Conservación de Suelos del Distrito en 1937 que permitió a los agricultores regular por ellos mismos el uso de sus tierras. Aún con los incentivos adicionales de consejería técnica gratuita y la disponibilidad de préstamos para la compra de maquinaria especializada, las reglas que beneficiarían a la comunidad continuaron siendo ignoradas.

28.4.10

Henry David Thoreau



Henry David Thoreau.
Thoreau fue agrimensor, naturalista, conferenciante y fabricante de lápices. Además de uno de los padres fundadores de la literatura estadounidense, hoy día se le considera un pionero de la ecología y de la ética ambientalista. Es también el conceptualizador de las prácticas de desobediencia civil.
Thoreau quiso experimentar la vida en la naturaleza, por lo que desde el 4 de julio de1845 vivió dos años en un bosque cerca de Walden Pond, no lejos de su familia y amigos en Concord (como Ralph Waldo Emerson). Abandonó su cabaña el 6 de septiembre de 1847 para vivir con su familia. Walden, que relata su vida en los bosques, fue publicada en 1854.
En 1846, Thoreau se negó a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra contra México y a la esclavitud en Estados Unidos, por lo que fue condenado a prisión durante unos días. De este hecho nació su tratado La desobediencia civil, pionero al proponer algunas ideas como el pacifismo y la no violencia que resurgirían con fuerza en el altermundismo del siglo XX. En este texto se declara uno de los conceptos principales de su ideología: la idea de que el gobierno no debe tener más poder que el que los ciudadanos estén dispuestos a concederle, llegando a tal punto que propone la abolición de todo gobierno. Considerado por algunos como el primer ecologista, su ensayo fue influyente en Lev Tolstói y en Mahatma Gandhi.
En ciencias naturales su prestigio es aún apreciable. Por ejemplo, Edward O. Wilson comienza su libros sobre El futuro de la vida(2002) con una carta dirigida a Thoreau. Su obra y su ejemplo mantienen todavía una fuerte influencia en los movimientos en defensa de los derechos civiles (el propio Martin Luther King expresó abiertamente su admiración), el pacifismo y el ambientalismo. En 1960, una efigie de Thoreau entró en el Panteón de los Héroes Norteamericanos de la Universidad de Nueva York, junto a George WashingtonBenjamin FranklinAbraham LincolnThomas Edison y Emerson. En 1998, el presidente de los Estados Unidos le propuso como modelo de las mejores prácticas ciudadanas y afirmó la superioridad moral de la desobediencia civil sobre la violencia.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...