Visiones e Intentos de este proyecto

La visión principal que nos guía es ir creando, explorando, difundiendo empezando desde lo pequeño, lo cercano, lo inmediato, para así ir creciendo en espiral pero siempre de una forma envolvente para que no queden espacios desatentidos en una dimensión demasiado grande para nuestra capacidad de intuír, reflexionar y accionar.

30.10.13

Más información sobre la asombrosa Chaya


Chaya

Recopilado por Dawn Berkelaar

Martin Price, director ejecutivo de ECHO, afirma, “Yo consideraría a la chaya una de las cinco plantas alimenticias más importantes que ECHO distribuye.  Le doy esta calificación debido a su habilidad para prosperar tanto en regiones áridas como lluviosas, su poca necesidad de atención o de fertilización adicional, su falta de plagas de insectos o enfermedades y su excepcional valor nutritivo.”

Hace algunos años, mientras trabajaba como parte del equipo técnico de ECHO, Kristin Davis escribió sobre una experiencia con la planta de chaya en Kenya (ver más adelante).  Kristin está ahora en un programa de PhD en la Universidad de Florida en Gainesville.

Además del informe de Kristin, queremos compartir lo que algunos miembros de nuestra red nos dijeron sobre la chaya después de que pedimos información al respecto en el Número 72 (Julio 2001) de ECHO Notas de desarrollo.

Durante años nos hemos referido a la chaya por el nombre científico Cnidoscolus chayamansa.  Sin embargo, recientemente nos enteramos a través del Sr. Jeffrey Ross Ibarra en la Universidad de California-Riverside que el nombre científico de la chaya ha sido cambiado a Cnidoscolus aconitifolius ssp. aconitifolius.  Esta última subespecie contiene muchas variedades silvestres y cuatro variedades cultivadas de chaya, incluyendo el cultivar ‘chayamansa’.  Existen diferencias significativas en los niveles de glucósidos cianogénicos entre las variedades cultivadas. La chaya está muy cercanamente relacionada con las especies Manihot  (e.g. yuca) y Jatropha

1.10.13

México: las lecciones del agua



Por : Víctor M. Toledo



Como ha venido sucediendo desde que el mundo es mundo y la humanidad es humanidad, la naturaleza vuelve a enviar mensajes claros y contundentes a los seres humanos. De nuevo intenta que los monos pensantes aprendan lecciones, que año tras año, siglo tras siglo, toman cuerpo en catástrofes denominadas naturales. Esta vez ha sido la sociedad mexicana la que nuevamente ha recibido otra lección, que por cierto ni medios masivos de información, ni autoridades, ni analistas, conectan con la inmediatamente anterior: durante 2011 y 2012, casi la mitad del territorio nacional, junto con buena parte de Estados Unidos, sufrió la peor de las sequías en casi un siglo. Los efectos fueron tan graves como los de las lluvias excesivas. La sequía causó pérdidas extraordinarias en las áreas agrícolas de norte y centro del país (trigo, maíz, sorgo, forraje) y especialmente en la ganadería. Por la sequía extrema, ¡murieron 1.3 millones de reses! Esa vez no fue el exceso sino la ausencia de agua. El país ha sido entonces literalmente zarandeado en menos de tres años, al pasar de la peor sequía a las peores inundaciones.
No intentaré convencer de nuevo a los lectores de que es­tas oscilaciones climáticas tan abruptas, estos giros ex­tremos, son una consecuencia de la crisis ecológica glo­bal, efecto culminante de una civilización moderna e in­dustrial que parece hundirse sin remedio. En esta ocasión prefiero dar por hecho que los eventos climáticos se ha­rán cada vez más impredecibles y sorpresivos, y que en con­secuencia se debe actuar para asumir e implementar una estrategia de supervivencia. Como estamos ya en los tiempos globales, los habitantes de un país (escala na­cional) debemos saber enfrentar fenómenos cuyas causas últimas son planetarias (escala global). Esto de la supervivencia de la humanidad o de la especie es lo que los académicos más preocupados sintetizamos en la idea de una sociedad sustentable. ¿Qué lecciones dejan estos hechos?
Examinemos el caso del agua. Como sucedió con las plantas, los animales y ciertos metales, la especie humana logró su domesticación no sin (auto) domesticarse. La relación entre natura y cultura es siempre dialéctica o, si se prefiere, recíproca. Los mesoamericanos domesticaron el maíz, y el maíz domesticó a los mesoamericanos. Con el agua sucedió lo mismo: para lograr aprovechar un flujo de agua proveniente de un manantial o del deshielo de las montañas, los individuos tuvieron que organizarse, ponerse de acuerdo, establecer reglas e instituir la equidad como un valor central y supremo. Esto es, se civilizaron y dieron lugar a comunidades basadas en la cooperación, la ayuda mutua y el conocimiento detallado del movimiento del agua, la topografía, las clases de suelos y los cultivos. Todos practicaron y aún practican una democracia participativa en torno a ese recurso vital. El agua se domestica solamente mediante conocimientos, tecnologías y formas adecuadas de gobernanza, es decir instituciones comunales o colectivas. Las comunidades de regantes, los consejos de cuenca, operan desde hace siglos e incluso desde hace miles de años, conduciendo, utilizando y perfeccionando el manejo del agua. Frente a la crisis actual, esos ejemplos resultan cruciales. Por el estudio de esos procesos de carácter tradicional, la politóloga estadunidense Elinor Ostrom obtuvo el Premio Nobel de Economía en 2009.
Los tres siglos de modernización industrial han caminado en sentido contrario. El mundo moderno, gestado desde Europa, basado en la idea de que la naturaleza debe ser dominada y explotada para el uso de los humanos (y en el fondo de las corporaciones y empresas), no solamente se ha dedicado a borrar de la faz de la Tierra esas experiencias tradicionales, sino que en su amnesia, ha hecho trizas las formas de democracia local y regional, la organización basada en la cooperación y en la confianza, y los conocimientos sociales y ambientales ligados a esas prácticas milenarias. Para dorarnos la píldora inventaron la democracia (liberal, formal o representativa), que es una forma de centralizar el poder. Esa democracia, se vuelve más inútil y ficticia conforme el capital en su fase corporativa, arrasa con el planeta, explotando de paso el trabajo de la naturaleza y el trabajo de los seres humanos. Luego entonces, los eventos naturales para ser domesticados no solamente requieren de medidas técnicas sino también sociales y, por ende, culturales, políticas y civilizatorias.
Las élites políticas y empresariales, los poderes fácticos, hoy reducidos a una burbuja sorda y autocomplaciente llamada Pacto por México, no son capaces de prevenir, enfrentar y resolver los eventos que la naturaleza manda como lecciones, porque en el fondo no ejecutan una acertada gobernanza. Acaso la infortunada combinación de ciclones pudiera ser también una metáfora que la naturaleza escenifica sobre otra clase de desbordamiento: el de los ciudadanos hartos de tanta imposición.Y es que frente al autoritarismo y la autocracia, la rabia ciudadana es como el agua. Una vez en movimiento nada la detiene, y los cauces establecidos, los ríos institucionales, los acueductos de la legitimidad y de la legalidad se vuelven inservibles. Hoy vivimos una falsa democracia porque las instituciones son incapaces de inducir la construcción de acuerdos, de resolver conflictos y de aceptar que frente a la complejidad de los problemas, los ciudadanos tenemos derecho al autogobierno. Y esa es la misma causa que provoca que las descomunales reacciones de la naturaleza lastimada por el ogro industrial, se conviertan en catástrofes. Toda forma autoritaria o despótica de ejercer el poder termina por ser doblemente desbordada: por la naturaleza y por la sociedad civil. El neoliberalismo y sus reformas impuestas se harán cada día más vulnerables, pues en estos tiempos la única garantía para la supervivencia de toda la sociedad es la autogestión local y regional en pleno balance con los procesos naturales. Esas son las lecciones del agua.
Twitter: @victormtoledo

24.9.13

Documental 9.70 de Victoria Solano


  1. El documental 970 relata la historia de un grupo de campesinos a los que el Gobierno de Colombia le incautó y destruyó 70 toneladas de arroz. En defensa de los intereses de empresas trasnacionales en el marco de Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos. Mostrando los impactos de la resolución 9.70 en el campo colombiano.


25.8.13

Las netas del planeta Monsanto





Por : Silvia Ribeiro *

En días pasados circuló un comunicado falso donde Monsanto agradece al gobierno mexicano haber aprobado la siembra comercial de 250 mil hectáreas de maíz transgénico en Coahuila, Chihuahua y Durango. La nota circuló rápidamente en redes sociales y algunos medios informativos. Monsanto se deslindó, acusando a activistas. Muchos creyeron que era auténtico, porque podría haber sido así, ya que Monsanto está esperando que el gobierno apruebe sus solicitudes para sembrar cientos de miles (y hasta millones) de hectáreas de maíz transgénico, desechando la enorme y argumentada oposición social, nacional e internacional de científicos, campesinos, artistas, intelectuales, trabajadores, activistas, consumidores, maestros y muchos más.
Quizá el comunicado falso haya sido una tentativa de empresas o protransgénicos para medir qué reacción habrá. Porque aunque dicen estar seguros de que el gobierno les aprobará sus solicitudes para contaminar transgénicamente el centro de origen del maíz (incluso DuPont-Pioneer presentó dos nuevas para Sonora y Sinaloa, cada una por 442 mil 706 hectáreas), las empresas están nerviosas por la resistencia generalizada y redoblan sus campañas de desinformación, tratando de revertir la opinión pública.
Por ello, están pagando cápsulas radiofónicas en favor de los transgénicos en los noticiarios de mayor audiencia, que a su vez dirigen a un sitio electrónico. Tanto ese sitio como las cápsulas son producidas por Agrobio México, que se presenta como organización civil sin fines de lucro, aunque sus únicos miembros son Monsanto, DuPont, Syngenta, Bayer y Dow, cuyo único fin es el lucro. Son las transnacionales que controlan las semillas genéticamente modificadas y las mayores del mundo en venta de agrotóxicos. Claramente, su información no es objetiva. Su larga historia de engañar al público y a los afectados por sus productos, pese a afrontar juicios por ello, muestra que son capaces de propagar cualquier mentira si sirve a sus ganancias.
Su campaña actual no es excepción. Casi cada cosa que afirman en radio y sitio electrónico es falsa. Por ejemplo, que los transgénicos aumentan la producción y que son necesarios para enfrentar el hambre, porque se requiere duplicar la producción de alimentos para 2050. O que es una forma de producción sustentable y que los transgénicos no tendrán impactos en la biodiversidad o los productores.
La realidad es que ya se producen suficientes alimentos para todo el planeta y con el mismo nivel de generación, también para 2050. Pese a ello, la mitad de la población mundial sufre hambre, desnutrición u obesidad, a consecuencia, justamente, de que las trasnacionales se han apoderado del sistema alimentario agroindustrial, produciendo comida de cada vez peor calidad, con enormes costos y grandes desperdicios (más de la mitad de lo que producen). Con sus monocultivos y control de la cadena agroalimentaria –que aumenta con los transgénicos– han desplazado a millones de campesinos y mercados locales, que son los que alimentan a la mayoría y los que proveen comida a quienes no tienen dinero para comprarla.
Está probado por diversas fuentes, incluyendo estadísticas oficiales de Estados Unidos, que los transgénicos rinden menos que otros cultivos híbridos y usan mucho más agroquímicos. Por la resistencia en malezas que provocan, están haciendo transgénicos resistentes a químicos cada vez más tóxicos, aumentando el impacto brutal en suelos, agua, biodiversidad y sobre quienes viven cerca de sus plantaciones, que sufren porcentajes elevadísimos de cáncer, abortos y deformaciones congénitas, además de terminar con la apicultura. Condenan a todos los consumidores a comer más tóxicos, ya que los transgénicos dejan porcentajes mucho más altos de residuos químicos en los alimentos.
Sólo ese hecho –pero hay muchos más– significa importantes daños a la salud. Es cínico que Agrobio afirme que los alimentos transgénicos son sanos, ya que hay muchas evidencias de que son dañinos y que la regulación existente no lo considera. Ninguna agencia oficial (salvo limitadamente en Europa, donde 8 países han prohibido los transgénicos) pide pruebas en animales para ver impactos en salud. Las demás se limitan a aceptar los datos que les dan las propias empresas, para aprobarlos para consumo. No existen estudios epidemiológicos ni de largo plazo sobre impactos en salud de los transgénicos, y cuando algún estudio independiente los señala –como el estudio científico que en 2012 mostró que el maíz genéticamente modificado puede causar cáncer en ratas si se consume a largo plazo y cotidianamente, como sucedería en México– las empresas compran directa o indirectamente a seudocientíficos e instituciones oficiales para atacarlos.
En lugar de enfrentar el hambre, los transgénicos la aumentan. Casi la totalidad se produce para alimentar autos (agrocombustibles) o para forraje de ganado en cría industrial, a manos de transnacionales, desplazando la cría descentralizada y de pequeña escala (que usa diversidad de alimentos), inundando los mercados con cerdos, pollos y vacas de dudosa calidad, atiborrados de grasa, químicos y antibióticos, cuya forma de cría es también un emisor principal de gases que producen cambio climático. Para eso mismo se importa maíz a México, no por necesidad del país, sino para sostener el negocio de trasnacionales de cría animal, a costa de productores chicos.
Mientras tanto, el gobierno guarda silencio sobre las demandas de siembra masiva de las trasnacionales, aunque hay abundancia de datos independientes, científicos, sociales, históricos, culturales, de defensa de la soberanía y muchos otros, contra la siembra de maíz genéticamente modificado en México. Si se lo preguntaban, pueden estar seguros de que la resistencia sigue y crece.

*investigadora del Grupo ETC

20.8.13

Caminos de la Resistencia India en México



Como una oportunidad para renovar vínculos y buscar caminos para la resistencia concreta se vivió la Cátedra Caminante “Juan Chávez Alonso”, convocada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena.
Durante dos días desfilaron centenares de delegados e invitados que compartieron testimonios sobre los megaproyectos (minas, hidroeléctricas, eólicas) que amenazan sus territorios y modos de vida; así como la formas en que día a día les hacen frente. Publicado el 19 de agosto de 2013



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